«Dije a los talibanes que el pueblo de Afganistán quiere la paz»

(AsiaNews) «Dije a los talibanes que el pueblo de Afganistán quiere la paz»: en diálogo con AsiaNews, esto es lo que afirma Bismillah Watandost, vocero del People’s Peace Movement (PPM). Él es uno de los activistas secuestrados días atrás por el grupo armado, y liberado el 6 de junio. Cuenta qué sucedió en los 3 días en que permaneció en manos de los talibanes. Lo más importante, dice él, «es que hemos tenido la oportunidad de conocerlos y explicarles las razones de nuestro movimiento. Los talibanes creían que estábamos financiados por los Estados Unidos o que teníamos lazos con alguna ONG extranjera. Pero no es así: somos un grupo autónomo de la sociedad civil afgana, que quiere la paz y el cese del fuego».

El activista cuenta que la marcha por la paz de los 27 activistas partió el 30 de mayo pasado desde Lashkar Gah, la ciudad cabecera de la provincia meridional de Helmand, y se dirigió hacia Musa Qala, el bastión de los talibanes, en el norte de la región. Durante el camino, el grupo recibió un cálido apoyo de la población en las diferentes localidades que fueron cruzando. 

El 3 de junio, la caravana llegó a la localidad de Nawzadrod,  en el distrito de Nawzad. Ese día, continúa Bismillah, «la policía de Kabul lanzó un ataque mientras estábamos en el pueblo, y de repente nos vimos bajo fuego cruzado. Los talibanes pensaron que formábamos parte de las fuerzas armadas y al principio capturaron a 9 de nosotros». 

Luego, junto a otros 3 miembros del grupo, el activista se reunió con el jefe talibán. «Además de mí -cuenta- estaban Iqbal Khyber, responsable del grupo, Ghulam Sarwar Ghafari, el más veterano del movimiento, y Farhad Adil. Nos encontramos con el líder, que creía que formábamos parte de alguna organización de EE.UU. de América o bien que teníamos lazos con el Gral. John Nicholson (ex comandante de las tropas de la OTAN en Afganistán). Nuestro movimiento no pertenece a ninguno de ellos, es tan solo una marcha por el pueblo afgano».

El activista remarca que el grupo fue tratado correctamente por los guerrilleros: «No fuimos encerrados en una prisión, y tampoco sometidos a castigos. Nos sentamos con ellos y hablamos de manera pacífica. Subrayamos que no queremos la guerra y que el pueblo carece de cosas esenciales, como la electricidad y la atención médica». «No vamos a detenernos, aún con todo lo que pasó y con las ampollas en los pies. Seguiremos adelante, llevando nuestro mensaje», concluye.

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