Por agustino venerado hace siglos celebran en Polonia beatificación equivalente

(ACI Prensa) El Prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos, Cardenal Angelo Becciu, presidió este sábado 8 de junio en Polonia la Misa de beatificación equivalente de Michal Giedrojc, un agustino de origen lituano que vivió en el siglo XV.

En entrevista concedida a Vatican News, el Cardenal Becciu explicó que las beatificaciones o canonizaciones equivalentes son un «reconocimiento oficial por parte de la Iglesia de un culto que el pueblo ya ha tenido la oportunidad de expresar de diversas formas desde la antigüedad hacia un Beato».

Según las normas, precisó el Cardenal, «este culto debe ser anterior a 1534, es decir, al período en que se introdujeron las nuevas normas para el reconocimiento del Beato».

«En el caso de Michał Giedrojc, se trata de un acto realizado por el Papa Francisco el 7 de noviembre de 2018 con la promulgación del decreto sobre la confirmación del culto que se le atribuye ab immemorabili, es decir, desde hace mucho tiempo. El Papa no ha hecho más que reconocer que este culto existe desde la antigüedad», explicó el Purpurado.

Las condiciones para este reconocimiento de la Iglesia están contenidas en «De Servorum Dei Beatificatione et Beatorum Canonizatione», un texto del Papa Benedicto XIV, que señala que son 3: posesión de culto antiguo, testimonio constante y común de historiadores dignos de fe sobre las virtudes o el martirio; y la fama ininterrumpida de prodigios.

El prefecto de la Congregación para las Causas de los Santos explicó que en el caso del nuevo Beato «estos parámetros están plenamente presentes».

«En primer lugar, el culto ab immemorabili existe desde el 1500. En el lugar donde está enterrado hay una peregrinación continua, desde hace siglos, de personas que lo veneran y lo reconocen como beato. Además, el hecho de que se haya construido incluso un altar donde está enterrado es una indicación tangible de la devoción con la que ha sido circundado. El pueblo lo reconoció como Beato y el Papa ha sancionado esta realidad», precisó la autoridad Vaticana.

Misa de beatificación equivalente

En la homilía de la Misa que presidió este sábado en Cracovia, en presencia de los obispos polacos y lituanos, el Cardenal recordó el testimonio del nuevo Beato que vivió entre los años 1422 y 1485.

«El beato Michal es parte de esa larga línea de discípulos de Cristo que, como un hilo rojo, recorre la historia de la Iglesia: la preferencia de Dios por los simples y los débiles», dijo el Cardenal.

«Aunque venía de una familia noble, Michal era sacristán en la comunidad religiosa que le había sido confiada. Ordenaba la iglesia de San Marcos, alababa al Señor ininterrumpidamente, realizaba con docilidad el trabajo que le pedían que hiciera, soportando valientemente las prepotencias y los reveses. Llevaba una vida sencilla y pobre».

Siendo hermano laico, Dios le concedió «mientras estaba vivo el don de hacer milagros y profecías. Los talentos que recibió los empleó en favor de los demás. Sus formas de practicar el amor al prójimo hoy son más relevantes que nunca: «escuchar al otro, dar la bienvenida a los que llaman a la puerta, dar limosna a los pobres y consolar a los afligidos».

«A nosotros, los contemporáneos que estamos abrumados por mil cosas aparentemente importantes, el Beato Miguel enseña que la grandeza auténtica de las personas no proviene de cuánto, sino de cómo se logra algo. Es el celo y el amor lo que hacen grandes nuestras acciones y tareas, incluso las más simples», destacó el Purpurado.

El Cardenal Becciu agradeció «a la Iglesia en Lituania, de la cual el beato Michal Giedrojc es un hijo fiel e ilustre. Nació no lejos de Vilnius alrededor del año 1420, apenas unas décadas después del bautismo de su tierra natal. Allí pasó casi 40 años de su vida, antes de llegar a Cracovia».

«La reciente confirmación del culto, que disfrutaba desde tiempos antiguos, es un gran estímulo para que la Iglesia, aquí en Polonia, y la Iglesia en Lituania, sigan caminando juntas. Su santidad, oficialmente reconocida y confirmada por la Iglesia, constituye un sello espiritual y una bendición divina para este vínculo particular», resaltó el Cardenal.

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