Mons. David Martínez, secretario especial del Sínodo: Las poblaciones vulnerables “viven en cautiverio pero en libertad”

(ZENIT – Lima, 6 julio 2019).- Desde hace unos días la comunidad nativa del distrito de Manseriche, en la provincia del Marañón, en la selva del Perú vive en riesgo al consumir agua contaminada. Y es que se produjo un derrame de petróleo en el río Marañón, situación que afecta alrededor de mil personas asentadas en las quebradas de los pueblos Numpagkaim y Saramiriza.

La Amazonía sufre. “El río Amazonas es considerado como una arteria del continente y del mundo”. “No es solo un pedazo de tierra”, así lo precisa el reciente documento de trabajo para el Sínodo Panamazónico, denominado “Instrumentum Laboris”, que se realizará del 6 al 27 de octubre en el Vaticano, con la presencia de obispos de la región, expertos invitados, así como del Papa Francisco.

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Monseñor David Martínez de Aguirre Guinea, Obispo del Vicariato apostólico de Puerto Maldonado, secretario especial del Sínodo para la Amazonía explicó a Zenit cómo la Iglesia a partir del Instrumentus Laboris diseña un nuevo plan pastoral de acompañamiento, protección y defensa del medio ambiente ante los proyectos extractivos que explotan la tierra. Los pueblos originarios amazónicos nunca han estado tan amenazados en sus territorios como lo están ahora, se puntualiza el documento en el capítulo 1 de la segunda parte denominada “Ecología integral: El clamor de la tierra y de los pobres”.

Biólogo de profesión y español de nacimiento conoce muy bien las raíces de estos pueblos. “Los nativos eran raptados por sus propias gentes dirigidos por los hombres blancos. En el Urubamba –precisa monseñor David– aún se recuerda el precio de un niño o un adulto. En ocasiones eran intercambiados por tocuyo, sal, entre otros. Gran parte de ellos conservan en su memoria aquella época de persecución”.

Cuando el caucho se encontraba disperso por toda la Amazonía, la industria europea explotaba a las poblaciones indígenas. Imperó el genocidio sobre todo en la zona sur de la Selva. En la memoria de los pueblos indígenas en aislamiento voluntario (PIAV) aún perduran estos recuerdos. Es por eso que los PIAV y los no contactados viven en “cautiverio pero en libertad”, ha explicado el Papa Francisco en el Instrumentus Laboris, presentado el 17 de junio como el documento de trabajo para la Asamblea Especial del Sínodo que se realizará en Roma el próximo mes de octubre.

Postura de la Iglesia 

Viven obligados a permanecer en cautiverio, inmersos al interior del bosque. Nómades de 100 a 200 personas con patrones conductuales de aislamiento. Así describe monseñor Martínez a los pueblos replegados en zonas inaccesibles. Se trata de un aislamiento voluntario, explica el Santo Padre en el Instrumentum Laboris. “Las naciones amazónicas optaron por el cautiverio para poder vivir en libertad, pues el cautiverio no los define, sino más bien se vieron obligados a ello”, argumentó monseñor David, durante la entrevista.

Frente a esta situación la Iglesia considera a estas poblaciones como vulnerables. Es por eso que busca diseñar nuevos lineamientos pastorales en defensa de sus derechos humanos, denunciar la destrucción extractiva, trabajar juntos por la justicia, promover el respeto al medioambiente, entre otros. Todos estos puntos se discutirán del 6 al 27 de octubre durante el Sínodo Panamazónico en la ciudad de Roma.

La sobreexplotación de los pueblos indígenas significa seguir una ruta hacia la muerte. Sin embargo al descubrir la vida de esos pueblos –reflexiona monseñor– encontramos nuevos caminos para reinventar a la humanidad. En medio de sus dificultades ellos aprenden a disfrutar la vida.

Nuevos aires para la Amazonía

Para el obispo de Puerto Maldonado, el rostro amazónico de la Iglesia encuentra su expresión en la pluralidad de sus pueblos, culturas y ecosistemas. Es por eso que la Iglesia se suma a la lucha y protección de la vida y cultura de estos pueblos.

“Respetamos su decisión de vivir en aislamiento debido a todo lo acontecido”, afirma el vicario apostólico de Puerto Maldonado. Los misioneros siempre estamos a la espera de que vuelvan a la libertad. Ellos lo deben decidir. Y cuando llegue el momento la Iglesia los acogerá. Nos preparamos para ese momento.

El próximo sínodo no va dirigido a los pueblos indígenas que constituyen el 10% de la Amazonía, sino más bien a toda la región panamazónica con la finalidad de salvaguardar la casa común.

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