Más oraciones y menos armas: la propuesta de los obispos de Estados Unidos

Los obispos de Estados Unidos, tras salir del shock que supuso el “sábado sangriento” (el sábado 3 de agosto, cuando en El Paso, Texas, y en Dayton, Ohio, dos tiradores mataron a 31 personas e hirieron a más de 40 en un centro comercial y en un distrito de diversiones) han hecho un poderoso llamado a los fieles para que intensifiquen sus oraciones y sacrificios, como respuesta a esta ola de violencia y odio que invade al país.

Sobre el asunto toral –el que ocupa la opinión pública en estos momentos—de controlar el acceso a la adquisición de armas de fuego, los católicos siguen divididos. Unos piensan que el control de armas en manos de civiles no va a detener los tiroteos masivos, mientras que otros responden diciendo que Estados Unidos es el “líder” mundial en estos actos de barbarie y que las armas deben ser restringidas.

“No creo que sea un problema de uno u otro. Creo que es un problema de ambos”, dijo a Our Sunday Visitor (OSV), Tobias Winright, un ex oficial de policía que ahora es teólogo moral en la Universidad de Saint Louis. Sin embargo, la balanza se está moviendo en la restricción de armas de fuego, sobre todo armas de asalto que permiten en pocos segundos o minutos acabar con el mayor número de personas al alcance del tirador. Los últimos tiroteos se han llevado a cabo con AR-15 o AK-47, armas semiautomáticas de altísimo poder destructor.

Detener el odio racial

Tras las declaraciones del tirador de El Paso, en el sentido que su acción fue para matar al mayor número de mexicanos, el obispo de esa diócesis texana limítrofe con México, Mark Seitz, dijo en un comunicado: “Una vez más en nuestra nación vemos la cara del mal. Vemos los efectos de una mente poseída por el odio. Vemos los efectos de la convicción pecaminosa e insípida de que algunos de nosotros somos mejores que otros debido a su raza, religión, idioma o nacionalidad”.

Por su parte, el cardenal y arzobispo de Boston, Sean O’Malley declaró a los medios de comunicación, tras los asesinatos masivos de El Paso y Dayton, que en Estados Unidos se debe trabajar “hacia una sociedad más civil y justa que rechace todas las formas de violencia y odio; el tejido de nuestra conciencia nacional está en riesgo”.

En tanto, el arzobispo de San Antonio, Gustavo García-Siller culpó en una serie de tuits al presidente Donald Trump de que su retórica de “odio y racismo” había “destruido” la vida de las personas. “Personalmente, creo que esos tuits fueron un raro ejemplo de un obispo que habla sin filtrar a su rebaño, lo que rara vez sucede”, dijo a OSV Michael Bayer, un colaborador del Washington Post que escribe sobre religión.

Cambios culturales

En declaraciones posteriores a los tiroteos en El Paso y Dayton, la USCCB pidió “los cambios necesarios” a la política y la cultura nacional de los estadounidenses, señalando que la conferencia ha defendido durante mucho tiempo las leyes de armas responsables y el aumento de los recursos para abordar las causas fundamentales de violencia.

“Los obispos han estado hablando durante mucho tiempo sobre esto y trabajando muy duro, como testigos de la vida, el bien común y la enseñanza católica de que debe haber algún tipo de regulación razonable sobre la posesión de armas”, expresó a OSV Therese Lysaught, teóloga y bioeticista de la Universidad Loyola de Chicago.

Lysaught también recurrió a Tuiter para sugerir que la USCCB exigiera una recolección de amnistía de armas en todas las parroquias locales como “un testimonio de la enseñanza católica y su compromiso de ejercer un liderazgo concreto para resolver esta enfermedad social violenta enraizada en la idolatría y el racismo”, pues para los cristianos, el primer mandamiento debe ser más importante que la segunda enmienda (la que da libertad de portación de armas para defensa propia en Estados Unidos)”.

Sugerencias de la Iglesia católica

Además de las oraciones y los sacrificios sugeridos a los católicos, la USCCB ha apoyado una serie de medidas razonables para abordar el problema de la violencia armada. Entre ellas está la prohibición total de las armas de asalto; más control en la venta y el uso de armas de fuego, así como la verificación universal de antecedentes para todas las compras de armas.

Los prelados también han pedido una serie de limitaciones en el acceso civil a armas de alta capacidad y revistas de municiones; una ley federal para criminalizar el tráfico de armas; mejorar el acceso y dar mayores recursos para la atención de salud mental e intervenciones preventivas a sujetos que se detecten con este tipo de tendencias, así como regular y limitar la compra de pistolas.

Finalmente, los obispos han pedido que se adopten medidas que hagan que las armas sean más seguras, como las cerraduras que impiden que los niños y cualquier otra persona que no sea el propietario usar la pistola sin permiso y supervisión, así como una evaluación honesta del número de imágenes y experiencias violentas que inundan a las personas, especialmente a los jóvenes.

Con información de OSV / Brian Fraga

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