Iglesia de San Francisco: una de las joyas de la arquitectura católica de Portugal

El barroco, un estilo arquitectónico originado en Roma en el siglo XVII, es conocido por sus suntuosas decoraciones. Cuando se trata de interiores de iglesias, un gran ejemplo es la Iglesia de San Francisco, en Oporto, Portugal. Fue decorada con casi 300 kilos de polvo de oro.

Considerara como Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1996, la “Iglesia del Convento de San Francisco”, fue fundada por frailes franciscanos en el siglo XIII como un edificio mucho más modesto. Pero, tras varios incendios, fue rediseñada en estilo gótico, con interiores de madera. Fue así hasta los siglos XVII y XVIII, cuando las partes internas de las iglesias empezaron a ser decoradas en estilo barroco en toda Europa.

Los mejores talladores y orfebres de Portugal fueron contratados para el trabajo, que llevó décadas para concluirse. Cada una de las tres naves internas, el techo, pilares y marcos de las ventanas, fueron grabados elaborados y revestidos con polvo de oro. El nítido contraste entre su exterior gótico sobrio y sus naves internas brillantes hace de la Iglesia de San Francisco uno de los ejemplos más intrigantes de la arquitectura católica en el país.

Al entrar en la iglesia, los visitantes pueden seguir una dinámica para descubrir algunos de sus mejores elementos decorativos. Del lado izquierdo, está la capilla funeraria de Luis Alavare de Sousa, un noble local. La capilla está decorada con uno de los frescos más antiguos de Portugal, representando a la Virgen de la Rosa. En el centro, se encuentra una estatua de granito policromado de san Francisco del siglo XIII.

De todos los retablos elaboradamente decorados, el más importante es la escultura en madera policromada de 1718, representando al “Árbol de Jesé”, una ilustración del árbol genealógico de Jesús con doce reyes de Judá conectados a través de las ramas del árbol al tronco principal, el de Jesé, padre de David y rey de los israelitas.

Pero los incendios no fueron los únicos desafíos que enfrentó la Iglesia de San Francisco en sus siete siglos de existencia. Cuando las tropas napoléonicas invadieron la ciudad de Oporto, en el siglo XIX, los frailes franciscanos fueron forzados a huir, dejando soldados libres para invadir parte de los grabados dorados de la iglesia. Y cuando la guerra civil portuguesa alcanzó su auge, en la década de 1920, la iglesia fue bombardeada y sufrió graves daños.

Tras el trabajo de restauración, la Iglesia de San Francisco volvió a su antigua gloria y es actualmente considerada uno de los mejores ejemplos de tallado dorado en Portugal.

La iglesia está abierta para visitas todos los días de las 9h a las 20h. Uno de los accesos es por la estación de metro San Benito.

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