¿Qué haría santa Hildegarda sentada en el Sínodo de la Amazonía?

Santa Hildegarda, conocida también como “la sibila del Rin” y como “la profetisa teutónica”, fue una líder monacal de la Edad Media quien se adentró en la Medicina con una sabiduría tal que sus consejos y recetas son hoy todo un vademécum para los especialistas. Sus aportes van desde cómo prevenir el cáncer hasta qué hacer para curar alergias.

Esta “inventora” de la medicina natural, santa Hildegarda de Bingen, es considerada una de las personalidades más fascinantes y polifacéticas del medievo europeo e integra el exclusivo grupo de cuatro mujeres doctoras de la Iglesia universal, junto a santa Teresa de Ávila, santa Catalina de Siena y santa Teresita de Lisieux.

Murió a los 81 años dejando pioneros conocimientos rescatados por autores modernos que los han convertidos en auténticos tratados de Medicina. Por mucho tiempo en el olvido, esta talentosa dama es inspiración en nuestros días de un renacer eclesial y cultural.

Nos imaginamos a santa Hildegarda descubriendo, con inteligencia y humildad, la amplia gama de posibilidades curativas que Dios puso a nuestra disposición a través de la naturaleza. Podemos suponer su perplejidad cuando constataba el alivio en sus enfermos al aplicar los tratamientos que iba desarrollando. Y preferimos no sospechar siquiera  el profundo dolor que sentiría ella, que sabía cómo curar ciertas enfermedades con ayuda de la naturaleza, al observar la depredación que el ser humano ha sido capaz de perpetrar contra el ambiente y los recursos que el ecosistema ha guardado y facilitado por siglos para beneficio de la humanidad.

Un pie en la Amazonía

Si la doctora de la Iglesia pusiera un pie, por ejemplo, en el Arco Minero del Orinoco en la Guayana venezolana quedaría sin palabras.

Se trata de una zona que alberga  una muy rica biodiversidad que comprende grandes selvas y bosques protegidos por decretos de reserva forestal, monumentos naturales y cuencas salvaguardadas por leyes ambientales y convenios internacionales. Esta zona, forma parte de la Amazonía, el bosque húmedo tropical más grande del planeta y el hogar de la mayor biodiversidad del mundo, el cual ocupa entre un tercio y la mitad de la vida conocida del planeta. Allí se escenifica una catástrofe ecológica de consecuencias planetarias.

Todos esos decretos protectores, leyes y convenios de salvaguarda, todo ha quedado en letra muerta y actualmente la destrucción  amenaza a etnias, flora y fauna a lo largo y ancho de un área de 111 mil kilómetros cuadrados, alrededor de 12 % de la geografía nacional.

Van tras el oro, cobre, coltán, diamantes, caolín y bauxita. La voracidad es tal que voces que alguna vez comulgaron con el chavismo, hoy también se suman al coro contra el AMO: una de ellas, Ana Elisa Osorio, exministra de Ambiente, alerta la necesidad de “priorizar qué es más importante: sacar el oro, sacar el coltán o proteger el agua que es indispensable para la vida”.

Los efectos de la minería ilegal han sido devastadores.

El tesoro que vería santa Hildegarda

La Amazonía cuenta con una infinidad de flora en sus más de siete millones de extensión de selva húmeda tropical. Esto ha estimulado a muchos científicos a hacer estudios, aparte del atractivo para personas que buscan otras alternativas para curar alguna enfermedad.

Nos imaginamos la fascinación de santa Hildegarda si hoy dispusiera, tan sólo, de la selección que los expertos han hecho de las plantas medicinales más reconocidas que existen en el Amazonas, pues dicen que es mucho más lo que queda por descubrir que lo ya sabido:

Con el Guaraná, ella habría  podido hacer un té o un batido para  ayudar a fortalecer el corazón y los músculos -nada mejor que tomarlo luego de hacer ejercicio- pues actúa perfecto en funciones cerebrales y mejora la circulación.

Con la Copaíba – también conocido como palo de aceite-  posee propiedades infinitas. Seguramente las utilizaría controladamente pues dicen que el aceite que mana, tomado en grandes dosis,  puede causar irritación o problemas de hígado.  Pero tiene poderes diuréticos, expectorantes, desinfectantes y estimulantes.  Sirve para tratamientos dermatológicos y bronco neumológicos. Igualmente, lo usan en pacientes con sífilis y herpes.

La planta de la Andiroba habría sido de gran ayuda a la santa por  propiedades antiinflamatorias, anti-anémicas, cicatrizantes y estimulantes. Adicionalmente ayuda en problemas dermatológicos, úlceras y lesiones musculares; y su cáscara tiene propiedades contra la fiebre alta, reumatismo y neumonía.

La famosa Uña de Gato del Amazonas tiene propiedades  sorprendentes y múltiples, principalmente como antiinflamatorio y como ayuda a sanar enfermedades de próstata, ovarios, reumatismo, mal aliento, úlceras, diabetes, hemorroides, entre otras.

La “Sangre de Drago” es un árbol que produce un látex o resina en su corteza, que es capaz de curar infinidad de enfermedades internas y externas del cuerpo. La santa doctora habría encontrado en esta resina una ayuda invaluable como buen cicatrizante en heridas cutáneas y úlceras gástricas, antiinflamatorio, antiviral, antibacteriana, antiséptica, antihemorrágica, que también ayudar a aliviar picaduras y llagas bucales, y otras afecciones.

La Chanca de Piedra o  “quiebra piedra”  es excelente para el combate de cualquier problema renal, especialmente para eliminar las piedras en la vejiga y en los riñones. Además, ayuda a reducir espasmos, inflamaciones y fiebre, al tiempo que permite expulsar bacterias por la orina, alivia dolores, desintoxica el hígado y permite tener una buena digestión.

La Huacapurana es una corteza de árbol encontrada en la selva amazónica del Perú. Santa Hildegarda habría reconocido en ella una excelente opción para curar cualquier problema sanguíneo, quistes ováricos y habría reconocido su gran utilidad para desintoxicar el cuerpo. Adicionalmente, calma el dolor en los huesos, es antidiarreico, antipalúdico, antiartrítico, anticancerígeno y antimalárico, ayuda a la osteoporosis e hipertensión arterial, protege el hígado y reduce el colesterol elevado, entre otras propiedades.

Estas especies se encuentran en toda nuestra selva amazónica. Se reparten entre los países que comparten esta maravillosa extensión tropical, hoy en peligro.

Sentada en el Sínodo

Santa Hildegarda estaría hoy en Roma, presente en el Sínodo Panamazónico defendiendo este patrimonio de la humanidad. No dudamos que lo está, espiritualmente, como guía y musa de los esfuerzos que allí se desarrollan para salvar la “Casa Común”.

Benedicto XVI la nombró en 2012 doctora de la Iglesia, y afirmó que su figura santa y valiente es motivo de inspiración para las mujeres de hoy, que pueden contribuir, con su peculiar inteligencia y sensibilidad, al crecimiento espiritual de la Iglesia. Y también del Papa Francisco en su empeño por detener la ruina y desolación que causa la codicia.

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